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Tendremos que pasar la noche en vela

Los niños no deberían escuchar cuentos antes de dormir. Si los cuentos son buenos, los niños se desvelarán esperando la continuación, dibujando en el aire con el índice a su personaje favorito o simplemente rebobinando la historia en su vídeo-cabeza para ponerla otra y una vez. Si los cuentos son malos con aire de pésimos, los niños se aburrirán tanto que, ciertamente, dormirán como benditos. A la mañana siguiente despertarán queriendo ser farmacéuticos en vez de príncipes, y por supuesto no querrán volver a aburrirse la noche siguiente, así que será imposible volver a leerles un cuento en mucho tiempo. La repetición de malas historias nos traerá un mundo perfecto: los más avanzados serán capaces de formular drogas cada vez más complejas para que el resto traguen con un vaso de agua antes de dormir la pastilla que les haga olvidar la falta de imaginación. Es un hecho. Y sin embargo tú me has pedido un cuento para dormir esta noche. Tú, que no eres una niña. A mí, que he hecho contig...

Matemática elemental

He estado haciendo cálculos. Si tenemos en cuenta que duermes, de media, ocho horas, y que yo paso despierto más o menos dieciséis, cada día tengo el tiempo justo para contemplar tus sueños y después llevarlos a cabo en tiempo real. Sólo espero que no seas de esas princesas que sueñan con dragones. Eso me dejaría sin ahorros.

El verano es el tiempo de la poesía

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El verano es el tiempo de la poesía. Siempre me ha encantado escribirle a las estaciones en las que tienes menos ropa.

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Se quedó apoyado en la portezuela del coche, que sujetaba entreabierta, con la mirada fija en la estación de servicio. En los dos cristales y en el automatismo que los abría cuando alguien se acercaba. No salió nadie. No pasó nada. Vino el minuto siguiente y siguió sin pasar absolutamente nada. Dio la vuelta al coche para cerrar bien atrás y entró en él. Hubiese encendido un cigarrillo si hubiera sido un fumador, pero no lo era, así que encendió el contacto con aire de estar echando algo de menos y con toda la calma del mundo. En el maletero, las cifras que hace cinco minutos marcaban la 95 sin plomo hicieron un poco de ruido al chocar las unas con las otras. No estaban acostumbradas a viajar. Tampoco habían dicho nada en lo de los calendarios. Como en la gasolinera, los empleados de las imprentas que habían visto desaparecer los domingos y algunas otras fiestas de guardar no habían abandonado su trabajo montados en cólera ni habían perseguido al infractor. Tampoco en el hipódromo, ni...

las alturas

Le gustan las alturas. La primera vez me dijo que siempre lo había hecho en lo más alto de los edificios. La primera vez, que mirábamos Madrid al fondo con la seguridad de que nadie nos podía mirar a los ojos. Es una característica de los aspirantes a rascacielos y de los jugadores de baloncesto, es imposible discutir con ellos porque son inaccesibles a la mirada frente a frente. Y no valen las sillas o las escaleras. A nosotros nos pasaba lo mismo, la primera vez, en aquel sexto que sólo estaba separado del cielo por los doscientos o trescientos euros más que costaba el séptimo. Nadie nos llegaba ni siquiera a la nuez, allí donde podrían habernos hecho daño con las suelas de sus zapatos caminando sobre nuestras palabras. Le gustan las alturas, le encantan. Es una auténtica experta en planos picados, aquellos que hacen sudar más a los autores pero terminan sacándolos más delgados en sus mejores películas, y a mí me terminan sacando del cine y de la estratosfera, me estallan cuando sus ...

Abecedario

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Hemos limpiado el abecedario entero de la manera más romántica posible. Y de la manera más salvaje, y de la más sucia a la vez. De 29 maneras distintas, lo cual teniendo en cuenta que sólo hay 27 letras quiere decir que en el trayecto no nos hemos saltado ni la che ni la elle. La copa B nos ha llevado a grabar montón de películas X al borde del punto G; al borde de la bomba H, que es donde nos quedábamos cada vez que llegaba el día D y nos atrapábamos en habitaciones de hotel que sólo tenían números en la puerta, hemos podido experimentar nuestro propio special K. Y qué decir de las vitaminas que hemos ido nombrando por el camino. No nos ha hecho falta llegar a la doble A para sentir que teníamos el apoyo de los mercados financieros. Daba igual. Hubiéramos follado en la Bolsa y nuestros flujos hubieran sido los culpables a la mañana siguiente del resbalón del IBEX-35; lo hubiéramos hecho si no fuera porque el edificio permanece cerrado por las tardes-noches y a nosotros lo que más nos ...

Caperucita con botines (cara B)

Caperucita es roja por fuera pero sé que está envuelta en papel de regalo por dentro, y por naturaleza viaja entre las últimas letras del abecedario en autovías recién estrenadas que se alejan bastante de los bosques. Tiene dos abuelas, en vez de una, y son las abuelas las que la llenan de chocolate y no al revés. Y de tuppers su madre, que también está en la casilla de salida del camino de vuelta junto a las abuelitas. En sus botines se concentran las últimas tendencias de París, que poco o nada tienen que ver con el senderismo. En sus botines podríamos construir el tobogán perfecto, por la inclinación, si nuestro cuerpo entero tuviera la medida de la más pequeña de sus pestañas. También podríamos beber de ellos todo el champán que se acumula en las oficinas vacías esperando algo que celebrar, si no fuera porque nos gusta beber champán mientras follamos y cuando follamos los lleva casi siempre puestos. Caperucita, tan del veintiuno, sólo se para a charlar con los desconocidos que le e...

El incendio

Tendríamos que haber estado algo más que sordos y ciegos. Tendríamos que haber perdido el sentido del tacto, y el olfato también para no haber sentido las cosquillas del humo ese ratón arañando con las patas la garganta, el mordisco que nos traía en la piel, como un disparo, el fuego que habíamos montado entre la cocina y el baño. Era cierto que yo no veía. Me besabas intermitentemente y en el vagón del true love yo cerraba los ojos cada vez que lo hacías. Me besabas tanto y tan bien que decidí dejarlos cerrados siempre para ver, nunca mejor dicho, si invirtiendo el orden de los factores el producto seguía siendo el mismo. Estaba sordo ya a esas alturas. Tus gemidos me habían traspasado el tímpano, y se habían instalado de tal manera en mi cerebro que habían cerrado la puerta con llave por dentro. Lo tuyo venía de serie. Eras un manual de instrucciones del desastre. Y yo un lector compulsivo, que no podía dejar a la mitad los libros. Follamos hasta que se rompió la cama. Bebimos hasta ...

Farolero

Tu cuerpo es la avenida de los sueños. Y yo el humilde empleado municipal, mono azul, feliz como los magnates del petróleo de tener todas las farolas brillando y brillando el día de Navidad.

Rhyme 'n' reason

A veces pienso que hemos llegado hasta aquí como dos caballos. Como dos purasangres que se disputan el Grand National, en una de esas ediciones en las que la niebla y la lluvia y la deficiente cobertura de la BBC impiden ver más allá de sus propios hocicos. Tú resoplas y me miras con los ojos gordos. Yo sudo y levanto la mandíbula porque he leído en los libros que soy el macho que tiene que protegerte. Pero la hierba nos hace las mismas cosquillas en los espacios interdigitales, y en el abrazo tras la línea de cal que no ha cruzado ninguno, son mis pulsaciones las que tienen el ritmo de la música electrónica y las tuyas las que se gastan un vals interior. A pesar de la caricia de niebla que nos disfraza de vírgenes, tu camiseta se separa de tu cuerpo el centímetro justo como para dejar ver tu piel, pálida y a la vez intensa, en el momento en el que rompe definitivamente a sudar. Tus labios se mojan cada poco tiempo al compás de tu pequeña lengua, en mi pequeña lengua se cita la saliva ...